Partido Liberal

Partido Liberal
Fecha de fundación 1841
Referentes Pipiolos
Divisiones Partido Liberal Unido, Partido Nacional
Listado histórico
Alianzas Alianza Liberal
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Educar Chile

Partido Liberal. Partido político organizado entre 1841 y 1851, en el contexto el gobierno pelucón de Manuel Bulnes.

Sus antecedentes provienen del bando pipiolo, que tuvo un rol importante en los primeros años de organización de la República hasta su derrota a manos del bando pelucón, en la Batalla de Lircay, en 1830. Llegaron al gobierno a partir de 1861 y poco a poco lograron ir reformando algunos aspectos de la Constitución de 1833, algo que se concretó entre 1871-1874.

Durante el siglo XX el Partido Liberal representó el ala más avanzada de la derecha, participó activamente desde la década de 1930 hasta la de 1960, en la mayoría de las elecciones. Posteriormente fue coincidiendo cada vez más con su histórico oponente, el Partido Conservador, y a partir del sistemático descenso electoral que ambas colectividades vivieron en la década de los ´60, el 16 de junio de 1966 se unieron para formar el Partido Nacional (1966).

Contenido
Historia
Orígenes

Los antecedentes de origen del Partido Liberal se pueden encontrar en el bando de los Pipiolos, quienes tuvieron un rol importante en el escenario político del país durante los primeros años de organización, hasta la derrota a manos del bando pelucón, en la Batalla de Lircay, en 1830.

Con el correr del tiempo, y a partir de la década de 1840,ideas liberales venidas desde Europa, particularmente desde Francia comenzaron a tener gran aceptación en un importante grupo de la elite joven del país. Se unió a esto, el desarrollo económico, características que parecían ser el escenario propicio para afianzar el ideario liberal en el país, situación que destaca Julio Heise (1982) al sostener que “este desarrollo económico y la influencia francesa determinaron el surgimiento de un sector aristocrático con mentalidad liberal”[1].

Heise agrega además que la prensa de la época reflejó esta situación visibilizando la creciente inquietud de estos sectores por querer cambiar la configuración de las instituciones nacionales pretendiendo que se asemejaran a lo que propugnaba el liberalismo francés, lo que a su juicio se ejemplificó con la connotada Sociabilidad Chilena, obra de Francisco Bilbao. En aquella obra, Bilbao, “sindicaba como factores del atraso de Chile a la tradición monárquica, las leyes, las costumbres, las ideas de España y la religión desnaturalizada por el clero católico. La profunda escisión existente entre ricos y pobres y la expoliación de estos últimos por los primeros eran denunciadas en este texto que levanta las banderas de la libertad y la igualdad política y social”[2].

Principios Programáticos
Liberalismo

El liberalismo en una doctrina filosófica, económica, política y social que promueve como principio básico la libertad del ser humano, ya que sólo así será posible alcanzar el progreso de la sociedad por completo. Por tanto si se limitase la libertad individual se estaría coartando el avance de la sociedad en general.

Esta doctrina de pensamiento nació en Europa, particularmente en Inglaterra en el siglo XVIII, extendiéndose luego al resto del mundo. Tuvo fuerte influencia en importantes sucesos políticos, como la Revolución francesa de 1789, la Revolución norteamericana de 1776 y en los movimientos de emancipación de Latinoamérica.

Los principios fundamentales que esta doctrina defiende son: la relevancia del ser humano, por encima de un colectivo social y las instituciones; la libertad como un derecho natural e inherente al ser humano, la igualdad jurídica y política de los individuos y por último la defensa de la propiedad privada, la cual es un derecho que el Estado y las instituciones deben salvaguardar.

Ideario del Partido Liberal: siglo XIX

Los principios liberales se fueron extendiendo lentamente gracias a que se comenzó a tener conocimiento de lo sucesos que ocurrían en Europa y Estados Unidos. En nuestro país fueron varios los factores que hacieron que los principios de la doctrina liberal fueran divulgados, sobre todo desde la década de 1840. Entre ellos encontramos la influencia de extranjeros que residían en el país, la llegada de libros y la publicación de periódicos que pudieron difundir las ideologías procedentes del extranjero. La idea que generó el nacimiento de un gran movimiento intelectual en el país fue la Ilustración o Iluminismo, que finalmente logró romper con la supremacía de las explicaciones teológicas y poner al hombre y la razón en el centro del devenir histórico.

La ilustración –según la definición de Kant- es la liberación del hombre de su incapacidad culposa de no atreverse a pensar por si mismo y utilizar la razón para entender los fenómenos[3]. Poco a poco las ideas ilustradas se fueron manifestando en ámbitos como el cultural, social, político, prontamente se logró que las ideas de libertad, igualdad y progreso social se difundieran dentro de un nùmero importante de jóvenes de la elite local, quienes serían los que difundirán estas ideas de cambio.

Dentro de este contexto nació el Partido Liberal, inspirado en los principios rectores de la doctrina: “la idea del progreso indefinido por acción del individualismo, que obliga a las naciones a realizar reformas cada cierto tiempo, que les permitan coordinar progreso y realidad con la doctrina, para ir acercándose así a un mejor desarrollo de las aspiraciones liberales en economía y en política”[4].

Los ejes programáticos del partido liberal estuvieron ligados a las propuestas emanadas por grupos políticos que se comenzaron a constituir en el país desde 1840, como: la sociedad literaria, el club de la reforma y la sociedad de la igualdad.

En octubre de 1850, José Victorino Lastarria, importante figura intelectual y liberal, publicó el folleto Bases de la Reforma. El manifiesto resumía el programa completo de las aspiraciones liberales proponiendo entre otros puntos: Enmiendas constitucionales y legales: ampliación del sufragio, incompatibilidades parlamentarias, supresión del estado de sitio, abolición de los mayorazgos. Además del fin de la reelección inmediata del presidente de la República, enmienda a las leyes electorales y de imprenta, la legislación sobre matrimonio y registro civil[5]. Dicho documento reconocía que se iniciaba para el país una época en que todos los ciudadanos aspirarían al progreso, al engrandecimiento de la nación, y a la ampliación de sus libertades[6].

Trayectoria Histórica
Movimiento Intelectual

En 1842 un movimiento intelectual impulsado por el avance de la educación en Chile, y por “la aparición de diversos periódicos[7] y el surgimiento de escritores, y poetas nacionales”[8], contribuirá en el despertar del interés público hacia reformas políticas y sociales, extendiendo en las nuevas generaciones un espíritu liberal.

Sin embargo, esta corriente tuvo poca influencia en los partidos políticos, debido a que estaba limitada en un principio sólo a círculos ilustrados. Los grupos dominantes sólo sintieron sus efectos hacia 1849. “Fue en esa época que un nuevo grupo, el partido liberal, nacido casi en su totalidad del renacimiento intelectual de 1842, surgió a la luz pública, bajo la orientación de José Victorino Lastarria[9], y al cual se incorporaron antiguos miembros del bando pipiolo, todos alineados para luchar contra el autoritarismo pelucón predominante.

Las ideas liberales comenzaron a integrar este movimiento durante el gobierno de Manuel Bulnes Prieto (1841-1851), esto por que su gobierno se destacó por mantener un tono más bien conciliador y moderado, “que creó una atmósfera espiritual favorable”[10] para la influencia de las ideas liberales que llegaban desde Europa.

De esta manera, en el año 1842 se fundó la llamada Sociedad Literaria, grupo que tuvo entre sus filas a destacados hombres[11] del ámbito social y político, propugnando la idea de la ilustración como un factor vital para el progreso.

Entre las figuras que destacaban, se encontraba José Victorino Lastarria, quien para la sesión inaugural de esta sociedad, el 3 de mayo de 1842, se constituyó como el claro líder de este grupo, al ser nombrado Director, ocasión en la que dió un discurso de agradecimiento ante la concurrencia, y dejó de manifiesto cuales eran los ideales de esta sociedad:

“Señores, (…), muy sinceramente me glorío de ser vuestro compañero, porque habéis acertado en asociaros para satisfacer una necesidad social. Vosotros tenéis mis ideas y convenís conmigo en que nada será Chile, la América, sin las luces”[12] .

Aprovechó también, Lastarria esta oportunidad, para denotar su inquietud sobre el tema de la educación y la literatura en nuestro país, expresando:

“Muy reducido es el catálogo de nuestros escritores de mérito; muy poco hemos hecho todavía por las letras; me atrevo a deciros que apenas principiamos a cultivarlas. Pero es de hacer justicia al fuerte anhelo que todos muestran por la educación: numerosa es la juventud que con ansia recibe los preceptos de la sabiduría, y ya la patria pierde tiempo si no allana los obstáculos que entorpecen el provecho que puede sacar de tan laudable aplicación. Todavía entre nosotros no hay un sistema de educación, los métodos adolecen de errores y defectos que la época moderna tilda con un signo de reprobación, (…), Por eso veis, señores, multitud de chilenos ilustrados, y dignos de mejor suerte, agolparse a la entrada del santuario de la literatura, todos con en el empeño de penetrar en él y de perseguir la gloria”[13] .

En 1849, el partido liberal, obtuvo una considerable representación parlamentaria; este año será reconocido por una gran cantidad de autores, como el de origen del Partido Liberal. Tal es el caso de Manuel Barrera, quien reafirma esta idea, al señalar que: “el partido liberal surge en 1849, (…), creado por diferentes grupos, entre los cuales estaban ciertos elementos pelucones, los antiguos pipiolos del año `30 y los jóvenes intelectuales que luchaban por el establecimiento de las libertades políticas implantadas en Europa"[14].

Lo cierto es que esta considerable representación que obtuvo el grupo liberal, se produjo por el Ministro Manuel Camilo Vial los incluyó en las listas de candidatos gobiernistas; este hecho se explica a raíz de que en 1846, el presidente Bulnes nombró como Ministro del Interior a Vial, quien había encarnado una tendencia disidente en tiempos de Portales, destinada a evitar las persecuciones políticas y la influencia del clero.

Desde que se hizo cargo del ministerio, inició una política de carácter personalista que buscaba confrontar a Manuel Montt, por eso, no resulta extraño que la juventud liberal se mostrara cercana a sus ideas. Así, para el año 1849, al elegirse el congreso nacional muchos liberales fueron electos, hecho, que le generó el rechazo de los pelucones, y la destitución de su cargo”[15].

Grupos políticos; clubes y sociedades

Dentro de este contexto, comenzaron a surgir en el escenario político social, diversos clubes, asociaciones y otros grupos importantes para el desarrollo de las ideas liberales y su difusión el impulso provocado por las noticias provenientes de Francia hizo que algunos jóvenes opositores de estirpe aristocrática pensaran en nuevas formas de convocatoria popular. Los más influenciados por las nuevas ideas sociales comprendieron la necesidad de unirse con el pueblo llano a fin de incorporarlos de manera diferente a la lucha política.

Los principales gestores del impulso renovador y de la nueva intelectualidad fueron Santiago Arcos y Francisco Bilbao. Santiago Arcos, uno de los fundadores del Club de la Reforma, fue educado en Francia, y residió allí hasta 1848, empapándose del ideario republicano, democrático y liberal.

Francisco Bilbao, retornó a Chile en febrero de 1850, después de haber vivido un exilio voluntario en Europa a raíz de la condena por su texto Sociabilidad Chilena en 1844[16], en el cual expuso duras criticas a la realidad socio política de la época. Su permanencia en Europa le permite presenciar la revolución del ´48, con lo que se acentuaron sus ideas de reforma social. Los aportes de ambos generaron todo un clima político y social que se convirtió en polo de atracción de todos aquellos jóvenes que deseaban generar cambios políticos y sociales.

Club de la Reforma (1849)

Grupo que nació con el propósito de poner freno a las extraordinarias facultades presidenciales y con la convicción de lograr instaurar en el país un régimen democrático. Fue fundado el 29 de octubre de 1849, y “estaba constituido por los elementos más reformistas de todos los partidos de oposición”[17], es decir, por un grupo heterogéneo, de pipiolos, defensores del ex Ministro Vial, y opositores al gobierno pelucón de Manuel Bulnes Prieto, y encabezado -en esa primera etapa- por Salvador Sanfuentes.

Entre sus principales objetivos, estaba logar reformas constitucionales que permitieran la ampliación del sufragio, es decir, lograr una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones. A pesar de esto, el club “nunca se estructuró sólidamente, ni adquirió dinamismo. Tampoco fue capaz de formular un plan concreto de acción”[18] que permitiera el logro de sus objetivos. Sí se puede sostener que sirvió de precedente para las nuevas formas de sociabilidad que se darán posteriormente y claro, para ser “de caldera anti pelucona”[19], para aquella juventud con ideales liberales; que más tarde participará en otras agrupaciones o clubes de índole similar.

Sociedad de la Igualdad

Francisco Bilbao, junto a Santiago Arcos, y a otros jóvenes intelectuales como Eusebio Lillo y el músico José Zapiola, y a los artesanos Ambrosio Larrecheda (sombrerero) y Cecilio Cerda (sastre)[20], fundaron esta sociedad, que quedó instalada a partir del 14 de abril de 1850, y donde se incorporaron a ella los miembros del ya debilitado Club de la Reforma.

La formación de este club o agrupación representaba una innovación importante respecto a las formas tradicionales de convocatoria política, es decir, meramente instrumentales[21], del pueblo por parte de la elite, al menos en la concepción de Santiago Arcos, quien desde muy temprano planteó con claridad que los fines perseguidos eran distintos a los que históricamente se habían planteado los liberales, “…nuestros trabajos no sólo deben tener por objeto el triunfo de un candidato progresista, sino también sacar al pueblo de la vergonzosa tutela que se le tiene sujeto. He hablado ya con unos pocos amigos, verdaderos demócratas, nos reuniremos mañana, y espero que usted nos acompañe”[22] .

Luego de un par de sesiones y a propuesta de Bilbao, se aceptó que la sociedad se orientase por tres principios fundamentales, que a la vez serían la forma de admisión o juramento:

Reconocer: la soberanía de la razón como autoridad de autoridades; la soberanía del pueblo como base de toda política, y el amor y la fraternidad universal como vida moral[23].

La sociedad comenzó a difundir su ideario social y político a través del periódico conocido como El Amigo del Pueblo, el cual se publicó en Santiago entre el 1 de abril de 1850 y el 3 de junio del mismo año, alcanzando a editar 53 números[24], tarea encabezada desde un comienzo por Eusebio Lillo. El periódico cumplía con la función de difundir su programa, “para que el pueblo se rehabilite de veinte años de atraso y tinieblas”[25]. De manera que en sus sucesivas ediciones exponía proyectos concretos para la mejora de las condiciones de la clase trabajadora, entre otras posturas que para este grupo eran de primera necesidad.

Así, la Sociedad de la Igualdad, proponía: la reestructuración del sistema impositivo; un mejor trato a los pobres en los juzgados civiles y en los cuarteles de la Guardia Nacional; mejoras diversas en la policía; libertad y protección laboral, educación popular; lucha contra la falta de higiene pública, el aumento de la existencia de moneda divisoria para facilitar el comercio entre los más pobres y protección para la industria nacional.

La sociedad de la igualdad se organizó con el fin de estructurar una oposición clara al gobierno de Montt y a los pelucones, puesto que a su juicio, estos últimos atentaban contra las libertades públicas y la educación. Su estructura organizativa, distinta de otros grupos u organizaciones previas, quedó consignada, en los estatutos de la Sociedad, que estipulaban, entre otras cosas, que:

  • La sociedad de la Igualdad se reunirá en grupos de 24 individuos, (en caso de presentarse más, ellos constituirán la base de un nuevo grupo);
  • Los grupos se denominarán con un número, indicando el barrio donde funcionan;
  • Se presentará el reglamento a los grupos, para que –en caso de querer- lo acepten, ya que “no se trata de imponerles una marcha”;
  • Todos los grupos tendrán igualdad de derechos;
  • Cada grupo puede originar una propuesta de reforma administrativa o social;
  • Todo miembro de la sociedad tendrá entrada franca en los otros grupos[26].

Esta organización interna, basada en la división de sus miembros en grupos de 24 pretendía poder resaltar los esfuerzos, capacidades e ideas individuales, además, fortalecer el alcance de redes más locales, pero presentó inconvenientes, pues resultaba complejo consensuar propuestas diferentes, resultaba difícil tratar de proveer una orientación uniforme a estos grupos que debían reunirse en distintos locales, funcionar bajo presidentes que ellos mismos debían nombrar, y discutir sobre temas más particulares.

Todos estos inconvenientes se solucionaron en la primera reunión general, gracias a la propuesta del ciudadano Prado del grupo Nº 2, generando con ello un acuerdo[27] que estipuló que:

  • La sociedad de la igualdad tendrá reunión general los días primero y quince de cada de mes;
  • Se nombrará una Junta Directiva, que para esa ocasión integraron: Santiago Arcos, Ambrosio Larrecheda, Francisco Bilbao, Zapiola, Prado, Francisco Aldunate, Rojas, Guerrero y Eusebio Lillo.
  • Esta Junta directiva tenía como atribuciones:

(1)Nombrar un presidente y secretario para cada reunión;(2)Distribuir los proyectos a discutir, con el fin de que cada uno de los grupos discuta al mismo tiempo dicho proyecto y pueda votarlo en las reuniones generales;(3)Dar cuenta en cada reunión general del estado de la sociedad;(4)Llevar la correspondencia del interior y exterior de la sociedad, y (5)Convocar a sesiones extraordinarias.

Hacia 1850 la sociedad estaba en total funcionamiento, contaba con el financiamiento que le permitía pagar el inmueble que utilizaban como sede y para la publicación de su periódico. Para este período se fue consolidando como la agrupación que marcaba oposición al gobierno, y a la posible candidatura presidencial de Manuel Montt, aparecía como la única organización capaz de aglutinar a los opositores del gobierno. “Desde junio de 1850 se vio inmersa de lleno en una contienda cada vez más abierta con el gobierno”[28], lo que llevó a éste último ha acrecentar la lucha en contra de la sociedad, lo que se cristalizaba en constantes ataques en los lugares donde la sociedad llevaba a cabo sus reuniones.

Entre los meses de agosto y noviembre de ese mismo año, se siguieron realizando las reuniones de la sociedad, actos que eran “hostilizados de manera creciente por sucesivos bandos del intendente de la provincia”[29]. Días después de la última de las reuniones realizadas por la sociedad, el día 20 de octubre de 1850, Manuel Montt fue proclamado candidato presidencial con el respaldo de Bulnes.

Esta situación provocó gran agitación social, produciéndose una serie de sucesos violentos en varias ciudades del país, protagonizados por miembros de la sociedad; sobresaliendo para esa época el de fines de octubre en San Felipe, hecho que dió al gobierno “el pretexto que hacía meses buscaba para aplastar a la Sociedad de la Igualdad, no sólo de San Felipe, sino también la de Santiago”[30], decretándose el 7 de noviembre de 1850, el Estado de Sitio para las provincias de Aconcagua y Santiago.

Le siguió al establecimiento del estado de sitio, un decreto de disolución de la Sociedad de la Igualdad, dictado por el intendente Francisco Ramírez el 9 de noviembre de 1850. A partir de esto, la sociedad se irá desintegrando poco a poco, en parte y tal como lo señala Gazmuri (1999) porque a pesar de haber logrado un amplio apoyo, no sólo desde la aristocracia liberal, sino que también en sectores laborales como el de los artesanos, la Sociedad de la Igualdad, “en ocho meses que alcanzó a existir, ciertamente no fue capaz de echar raíces en la cultura y mentalidad predominantes”[31], como tampoco de hacerse cargo de un ideario definido.

Luego del decreto de disolución muchos de los líderes, incluidos Francisco Bilbao y Santiago Arcos, quedaron confinados a la clandestinidad, mientras que parte de los artesanos de la sociedad fueron encarcelados. El escenario de subsistencia para la sociedad fue cada vez más complejo, teniendo algunos de sus miembros posterior notoriedad en los hechos que ocurrirán en 1851.

Posterior a toda la oleada liberal impulsada por el desarrollo intelectual de los años 40`, el partido liberal comenzó a ganar mayor terreno en la arena política, y para 1849, fueron electos un gran número de liberales, apoyados por el ministro Manuel Camilo Vial. Este suceso generó rechazo por parte de los pelucones, obligando a la renuncia del ministro.

Estas circunstancias produjeron una reacción solidaria hacia Vial, agrupándose en torno a él, amigos y partidarios, para formar un grupo opositor. Pronto los liberales estaban en la oposición y casi todos ellos ingresaron al nuevo partido, declarado opositor al gobierno de Bulnes. Al llegar las elecciones presidenciales, los conservadores proclamaron a Manuel Montt Torres como candidato. Los liberales y la Sociedad de la Igualdad, rechazaron la candidatura, incluso con actos públicos de protesta.

Antecedentes de la Guerra Civil de 1851

Inmediatamente después de proclamada la candidatura presidencial de Montt, comenzó a estructurarse con fuerza un movimiento opositor a su candidatura. En tal contexto, la Sociedad de la Igualdad adquirió un rol muy relevante. Para agosto de 1850 comenzó a reunirse en la capital, a generar marchas masivas en contra de Montt, quien fue oficializado como candidato el 20 de octubre de 1850, mes en el cual sucederán varios motines en diferentes ciudades, siendo uno de los más trascendentes el de San Felipe, antes mencionado.

En aquella ciudad, desde junio venían ocurriendo hechos que acrecentaban el descontento hacia el peluconismo. El 30 de junio, el intendente de la provincia de Aconcagua, José Manuel Novoa, decretó una serie de impedimentos administrativos para evitar la circulación del periódico pipiolo “El Aconcagüino”, situación que finalizó con la detención de Ramón Lara, editor del periódico. Estos sucesos rápidamente fueron considerados como parte de una persecución política[32], adquiriendo mayor notoriedad nacional, cuando el diputado de la zona Fernando Urízar, pelucón –pero simpatizante de Vial- presentó una queja ante el Ministro del Interior, Antonio Varas, quien rechazó esta queja. Ocurrido esto, Urízar decidió presentar “una acusación contra el mismo funcionario ante la Cámara de Diputados”[33] . Todo esto tensionó el ambiente del parlamento, pero finalmente y tras un apretado debate, Novoa fue absuelto, y el Senado rechazó la acusación de Urízar en contra del intendente.

La situación no se calmó y, proclamada la candidatura de Montt, el ambiente de tensión creció cada vez más. A esto contribuyó Ramón Lara, quien fue el ideólogo de la creación de sedes regionales de la Sociedad de la Igualdad, asunto que estaba acorde con el modelo republicano que propiciaba esta sociedad, basado en aumentar la “cobertura territorial, formando una red que cubría ciudades y pueblos. En Chile, la Sociedad de la igualdad tuvo sedes, además de Santiago, en: Valparaíso, Los Andes, San Felipe, La Serena y posiblemente Talca”[34]. Estas sedes tuvieron como propósito configurarse como centros de agitación política contra el gobierno y sus representantes.

Esto fue más visible en San Felipe, sede que estaba integrada por miembros de la Guardia Nacional, quienes fueron prontamente dados de baja por su filiación a la sociedad. Esto provocó gran descontento social, que derivó en el aumento de la tensión y la violencia social, en particular hacia la figura del nuevo intendente –Blas Mardones- quien terminará por aplastar poco a poco la efervescencia social que generaba la sociedad en la ciudad. Para noviembre, Mardones, “ordenó que la policía retirase una bandera roja con un emblema republicano, que la Sociedad de la igualdad había alzado en el frente de su sala de sesiones”[35], hecho que indignó a Ramón Lara –editor del Aconcagüino- quien luego de presentar un reclamo fue enviado a prisión, ordenándose además la disolución de la sociedad. Esto provocó que estallara un motín los días 4 y 5 de noviembre de 1850, que finalmente generó la instalación de una ‘junta gubernativa’, que emitió el 7 de noviembre, el estado de sitio en la provincia de Aconcagua.

En los días venideros, “se sucedieron, como consecuencia del estado de sitio, el aplastamiento militar del motín de San Felipe y el decreto de disolución de la sociedad de la igualdad de Santiago”[36]. El estado de sitio fue levantado semanas después, pero la sociedad de la igualdad había quedado completamente minimizada como movimiento de oposición.

Motín de Urriola

Hacia fines del gobierno de Bulnes y en el contexto previo a las elecciones, el escenario político y social del país se caracterizó por una creciente tensión, que pasó a conflicto latente el día 20 de abril de 1851, cuando la férrea oposición a la candidatura de Manuel Montt realizó una revuelta armada en Santiago. El último período de gobierno de Bulnes también debió enfrentar la fuerte oposición que nació principalmente desde la juventud liberal, que agrupada en grupos como la Sociedad de la Igualdad, se encargaba en difundir sus ideas en torno a temas educacionales, reformas y mejoras de las condiciones políticas y sociales de la clase trabajadora.

Fue también esta agrupación, encabezada por Santiago Arcos y Francisco Bilbao, la que tuvo un rol gravitante en estos acontecimientos, al alinear entre sus filas a todos aquellos que se oponían a la candidatura de Montt, encabezando además, manifestaciones y desórdenes públicos.

Al final, los innumerables motines y desórdenes culminaron en un levantamiento militar, “que fue fruto de una conspiración que se dio producto del enconado ambiente pre electoral de ese año”[37], que demostraba el intento de recurrir a las armas. Paralelamente a este movimiento, desde Concepción se levantó una candidatura en oposición a la de Montt, la del General José María de la Cruz.

El motín tuvo lugar el 12 de abril de 1851 y fue encabezado por el Coronel Pedro Urriola, quien “poco después de medianoche del 19 de abril, (…), se dirigió al cuartel del batallón Valdivia”[38], y pronto se hizo reconocer como jefe de este. El coronel emprendió las acciones militares junto a destacadas figuras, como los igualitarios José Miguel Carrera Fontecilla, Benjamín Vicuña Mackenna, Francisco Bilbao y Manuel Recabarren.

Urriola ordenó al teniente Herrera, junto al Batallón Valdivia, emprender rumbo a tomar el cuartel de los ‘cívicos’, pero esto no sucedió debido a que apenas partían a cumplir con su cometido, un sargento le disparó al teniente y capturó a los soldados, llevándolos a la Moneda donde se puso bajo las ordenes del presidente Bulnes, de igual manera que el Batallón de Chacabuco.

Avanzada la contienda y con la llegada del alba, Urriola comenzó a notar que su situación era más negativa de lo que pensó, pues no tenía los pertrechos - municiones, cañones- ni tampoco las fuerzas suficientes para combatir los duros ataques de la artillería de la Moneda. A pesar de esta desventaja, a las siete de la mañana dispuso el ataque, que fue repelido por las fuerzas gobiernistas. Entrada la mañana, la batalla ya se daba –por todos- perdida. Asimismo, “poco antes, Urriola había muerto, alcanzado por una bala loca que disparará un policía fugitivo”[39]. A media mañana se corrió por la ciudad la voz del fracaso del motín, y se aseguraba la restitución del orden público.

Ante el inminente final de la contienda, los líderes sobrevivientes lograron huir, mientras “la corte marcial condenó a muerte a ausentes (26) y a presentes (Ugarte, Vicuña Mackenna y cuatro más), pero ninguno fue ejecutado”[40].

Los sobrevivientes tomaron distintas direcciones: Carrera Fontecilla huyó a La Serena, mientras Vicuña Mackenna –que fue tomado prisionero, y condenado muerte- logró huir refugiándose en la ciudad de Ovalle, para luego reunirse con Carrera en La Serena. Por otra parte, Francisco Bilbao logró huir al Perú, misma suerte que corrió Recabarren, quien huyó al exterior. El resultado del fracasado motín sólo provocó mayor tensión entre el gobierno y el candidato de oposición el general de la Cruz, que aumentaba su popularidad, recibiendo claro apoyo de varios sectores. A pesar de estos hechos, el presidente Bulnes reafirmó su apoyo a la candidatura de Montt.

Independiente del contexto de tensión social que rodeó la realización de las elecciones presidenciales –motines, desórdenes públicos, candidatura opositora del General de la Cruz-, éstas se llevaron a cabo los días 25 y 26 de julio de 1851, siendo electo Manuel Montt, con una abrumadora mayoría. “De los 162 sufragios emitidos en los colegios electorales, 132 recayeron en Manuel Montt, 29 en José María de la Cruz y 1 en Ramón Errázuriz”[41] .

Guerra civil de 1851

Luego de la elección del mes de julio, en la que resultó triunfante Montt, la tensión social creció al alero de la desconfianza con el resultado de la misma, acelerando las protestas que alegaban fraude electoral. Estallaron entonces, dos grandes movimientos de resistencia, encabezados por las provincias de La Serena y Concepción, quienes calificaron de nula esta elección.

La sublevación partió el 7 de septiembre en La Serena. Días antes –el 18 de julio-, Carrera y Vicuña Mackenna habían llegado a la ciudad. Allí con la ayuda de oficiales ‘crucistas’, comenzaron a fraguar la sublevación. Al tener noticia del movimiento, el Intendente y las restantes autoridades se dirigieron al cuartel Yungay, ya alzado en armas, donde fueron tomados prisioneros. Se nombró Intendente a Carrera, y se levantó un acta similar a la que en Concepción determinaba el estallido de la revolución.

En Concepción, por su parte, la revolución estalló el 13 de septiembre, encabezada por el general José María de la Cruz, aunque previamente hubo una serie de sublevaciones lideradas por Pedro Félix Vicuña, el general Fernando Baquedano y Cornelio Saavedra. Ambas sublevaciones tuvieron su repercusión en la capital, donde se sublevaron dos batallones del regimiento Chacabuco. “Investido de facultades extraordinaria, el gobierno logró dominarlas, (…), los batallones fugitivos entraron en Santiago el 18 de septiembre”[42], coincidentemente el día en que Bulnes le hacía entrega del mando a Manuel Montt.

El alzamiento del sur complicó la situación militar del país y apenas se tuvo conocimiento de este en la capital, el gobierno rápidamente organizó fuerzas de resistencia. Bulnes se puso en marcha hacia Talca, como general a cargo para organizar la resistencia en aquella zona. Paralelamente, el general de la Cruz emprendió similar tarea al organizar a su ejército, y para finales del mes de octubre contaba con un ejército de 4.000 hombres. Durante ese mismo mes, Vicuña Mackenna –que se encontraba en Concepción- fue nombrado secretario general del ejército del sur.

Hubo dos batallas, Monte de Urra y Loncomilla, entre noviembre y diciembre, resultando derrotadas las fuerzas rebeldes. Los acuerdos de paz no fueron del todo respetados y el Parlamento “apoyó la indicación que autorizaba al gobierno para dar de baja a los oficiales que participaron en el abortado movimiento, (…), ante el motín, (…), la mayoría de la Cámara invistió al Ejecutivo de facultades extraordinarias”[43] . Por tanto el gobierno de Montt se inició caracterizado por la destrucción forzada de la oposición y un fuerte autoritarismo, que no logró generar adhesión.

Formación de la Fusión Liberal- Conservadora

Durante el gobierno de Montt el episodio conocido como la Cuestión del Sacristán, dejó en evidencia la tensión entre la Iglesia y el Estado, alineando a los bandos políticos en torno a posturas clericales o anticlericales.

Emergieron en este período los primeros partidos políticos: el partido nacional que respaldará la administración de Montt, el partido conservador que defenderá a la Iglesia, mientras que el partido liberal se definirá con mayor claridad en la lucha por las libertades y el anticlericalismo.

Pese a la configuración de partidos, no hubo cambios en el modo de gobernar de la administración de Montt y la oposición al mismo tiempo comenzó a crecer. Para 1858 se produjo un acercamiento paulatino entre liberales y conservadores, situación que desencadenó el nacimiento de la primera coalición política del período. Se formó, –con propósitos electorales-, la Fusión Liberal-Conservadora. Antecede a esta unión -impensada por las diferencias de cada uno de estos partidos-, la férrea oposición compartida por ambos partidos a la forma de gobernar de Montt. Obedecía –desde luego- al propósito común de ambos partidos, obtener una reforma constitucional que limitase las facultades extraordinarias que autorizaban al gobierno para encarcelar y deportar ciudadanos ante la menor rebelión política y de hacer funcionar correctamente el régimen popular de representación.

Esto tenía un claro sustento, pues “en aquella época, subsistía todavía la desgraciada costumbre de impedir durante las elecciones el libre ejercicio de la soberanía popular”, así, el gobierno entero, “desde el presidente de la República, hasta el último gobernador dirigían y controlaban a su arbitrio los comicios electorales”[44].

Ahora estos antiguos opositores se encontraban unidos y “lucharan por principios, que teóricamente, habían sido patrimonio del partido liberal, pero que en la práctica, son defendidos ardorosamente por todo partido que no disfruta de las regalías del poder”[45]. “Disgustaba a los liberales el autoritarismo de Montt, el presidente autócrata, que usó al máximo los resortes que le daba la constitución, para mantener el orden interno y una política de represión”[46]. Cabe mencionar que Montt fue “el presidente que más largo tiempo hizo uso de las facultades extraordinarias[47] y el estado de sitio”[48]. Se debe señalar que a pesar de la gran oposición a Montt, no todos los miembros del partido liberal estuvieron de acuerdo con la formación de la fusión. Respecto de esto, Edwards (1903) expone: “Repugnaba a estos hombres la alianza con los conservadores, en la cual sólo veían un retraso para la aplicación de los principios con que creían regenerar a la República”[49]. Pronto estos liberales –reacios a la fusión- formarán el Partido Radical.

Configurada ya la alianza sus miembros comenzaron a generar una campaña de resistencia constitucional en contra del gobierno de Montt. Desde el Senado, donde dominaba la disidencia conservadora, se negaron a aprobar la Ley que autorizaba el cobro de contribuciones. Frente a esto, Montt, que propugnaba respetar el orden constitucional, presentó su renuncia ante el Senado, señalando que se veía imposibilitado de gobernar bajo el orden y los principios por los cuales él se regía, por tanto se veía en la necesidad de retirarse dejando “a otros que asumieran ante Dios y la patria la tremenda responsabilidad de violar las instituciones”[50]. Ante esto los senadores retrocedieron para evitar que aumentase la tensión. Al acercarse las elecciones y dada la realidad electoral del país –injerencia y exclusiva voluntad del poder ejecutivo- el candidato natural para suceder a Montt, era Antonio Varas, su principal colaborador. Ante las circunstancias de tensión y oposición que reinaban en el país por aquellos días, Varas renunció a la candidatura. El partido nacional propuso a un candidato de consenso, José Joaquín Pérez, quien contó con el apoyo de todos los partidos, incluida la Fusión Liberal-Conservadora. Pérez, ganó con alta votación la elección en 1861.

En las elecciones parlamentarias de 1864 la fusión logró gran éxito y gracias a esto, durante el gobierno de Pérez se logró prohibir la reelección inmediata de los presidentes de la República y establecer que los no católicos pudieran ejercer su culto en recintos privados con la ley de libertad de cultos del año 1865. Ante la cercanía de las elecciones presidenciales de 1871, la fusión propuso como candidato a Federico Errázuriz Zañartu, quien resulto electo presidente, derrotando a su opositor José Tomás Urmeneta.

Durante esta época comenzaron a evidenciarse ciertas divergencias entre los fusionistas. En relación a temas como la educación y las llamadas 'cuestiones teológicas'. Los liberales propusieron medidas como: la suspensión del fuero eclesiástico[51], la laicización de los cementerios, el matrimonio civil y la separación entre la iglesia y el Estado.

Dichas propuestas fueron rechazadas por los conservadores, pero el episodio que sentenció el final de la alianza fue la discusión sobre la educación. Instaurado el gobierno de Errázuriz, Abdón Cifuentes, conservador y Ministro de Instrucción Pública, estaba decidido a implantar la libertad de exámenes. La medida buscaba que los establecimientos educacionales privado podrían tomar sus exámenes lejos de la supervisión del Instituto Nacional. El ministro Cifuentes, logró sus ideas predominen y finalmente se dictó un decreto que sustituía la vigilancia universitaria en la rendición de exámenes, “pero por desgracia a la sombra de esta nueva libertad se produjeron abusos, (…), que ocasionaron gran descontento en la opinión”[52], los que hicieron que crecieran las controversias alrededor de esta medida.

Ante esta situación la fusión se quebrantó cada vez más y el presidente Errázuriz se vió forzado a actuar y “para no ver esterilizado su gobierno, debía decidirse por una de las dos corrientes pronunciadas entre los hombres que lo elevaron. Los conservadores, no formaban, sin duda alguna, la mayoría del país, y por el contrario, su popularidad se encontraba seriamente comprometida. Además, por sus tendencias políticas y religiosas, el conservatismo era incapaz de amalgamarse con los elementos de oposición”[53].

Ante este contexto complejo y difuso, los conservadores decidieron quitarle el apoyo a Errázuriz y abandonar definitivamente la fusión para el año 1873. El presidente optó por quedarse gobernando exclusivamente con los liberales, pero no tardó en reconocer la necesidad de incluir nuevas fuerzas políticas y crear una nueva coalición de gobierno. De esta manera tuvo acercamientos con los principales líderes del radicalismo de aquellos años, como Manuel Antonio Matta, con quien finalmente logró acuerdo y para 1875 comenzó a gobernar con el respaldo de una nueva coalición, la Alianza Liberal.

Guerra Civil de 1859

Diversos sucesos como el Motín de Urriola, la Guerra civil de 1851, y la formación de la Fusión Liberal Conservadora, venían manifestando la gran oposición existente hacia la administración de Manuel Montt. Las elecciones de marzo de 1858 significaron una derrota para la fusión, pues no logrará obtener ventaja parlamentaria frente al oficialismo, por lo que se convencieron de que “las urnas no eran el medio adecuado para derrotar al gobierno, de aquí, que el proyecto de recurrir a un levantamiento armado comenzó a ser considerado con seriedad”[54].

En octubre de 1858 apareció La Asamblea Constituyente, un periódico que se encargó de difundir las ideas de la oposición, que ya se estaba articulando. Para finales de ese año se convocó en la capital a una asamblea constituyente que pudiese generar una nueva institucionalidad o alternativa a la del partido oficial.

Sin embargo, “el gobierno logró fácilmente anular la reunión el 12 de diciembre y encarcelar a varias decenas de militantes fusionistas que pretendían comenzar a echar las bases de un nuevo ordenamiento constitucional”[55]. Luego de esto, el gobierno tuvo una postura cada vez más autoritaria, decretando el estado de sitio en varias provincias del país, con el fin de apaciguar a los revolucionarios. Así mismo, clausuró los periódicos opositores, y desterró a los disidentes.

Toda esta maquinaria autoritaria del gobierno de Montt, no pudo evitar que durante el mes de enero de 1859 se levantaran en distintas provincias del país, revueltas y levantamientos en su contra. Este alzamiento se caracterizó por una lucha militar que tuvo diferentes dimensiones: guerrillas rurales en la zona central y sur; guerrillas urbanas en Valparaíso, San Felipe y Talca; guerra móvil de posiciones en el Norte chico, única zona donde los fusionistas lograron formar un ejército regular gracias a la influencia y poder de los ricos propietarios mineros[56].

Sergio Grez (2007) sostiene que esto se debió a que las fuerzas opositoras a Manuel Montt se pronunciaron apoyadas y bajo el fuerte liderazgo ejercido por connotadas familias de la zona, como los Matta y los Gallo, gracias a quienes se pudo formar en el norte del país un amplio frente que incluía a los conservadores opositores, a los liberales de 1851, al peonaje minero y a amplios sectores de campesinos, obreros y artesanos. Esta mayoría social de respaldo, que sustentó la lucha hacia la administración de Manuel Montt –en la zona Norte-, debe ser entendida, además como consecuencia de la fuerte crisis económica por la que atravesó el país meses antes.

Por lo tanto, la agudización de la crisis, se vio influenciada, entre otras cosas, por la importante crisis económica mundial, que para fines 1858 había afectado también a nuestra economía. Estos sucesos provocaron un importante debacle, pues el precio de importantes productos –cobre, harina y trigo-, comenzó a caer sostenidamente. Producto de esto, decrecieron sus exportaciones, lo que daño fuertemente a las reservas fiscales de la época, que dependían de la comercialización de estos productos en los mercados internacionales[57].

El principal alzamiento tuvo lugar en Copiapó, el 5 de enero de 1859, donde las fuerzas opositoras al mando de Pedro Pablo Zapata tomaron por asalto el cuartel de policía de la ciudad, provocando la huida del intendente. Inmediatamente sofocada toda la revuelta, “Pedro León Gallo fue nombrado Intendente de la provincia y General del Ejército Constituyente y Atacama se declaró desligada del gobierno mientras no se llamara a una Asamblea Constituyente”[58]. Instalado el nuevo poder, rápidamente comenzó a articular sus defensas con el ejército de los Constituyentes. Además, realizó cambios administrativos como la adopción de un nuevo emblema para Atacama, una bandera azul con una estrella dorada, y acuñaron su propia moneda el constituyente. Se formó, además en Copiapó una Guardia de propiedad, alistándose en ella los propietarios de la zona.

El ejército constituyente logró victorias importantes destacándose la del 14 de marzo de 1859, que tuvo lugar en las cercanías de La Serena y que se conoció como la Batalla de Loros. Esta sorpresiva victoria sobre las fuerzas del gobierno permitió la ocupación de Coquimbo y el inminente avance de las fuerzas revolucionarias hacia la capital. Esto llevó al gobierno a reorganizar sus fuerzas, y a los liberales a tomar distancia del movimiento encabezado por Gallo. Ambos bandos se enfrentarán nuevamente en abril, en la Batalla de Cerro Grande, donde al mando de Juan Vidaurre las fuerzas del gobierno derrotaron al ejército de Gallo, quien se exilió en Argentina, volviendo al país en 1862.

Gobiernos Liberales (1861-1891)

A partir de la elección presidencial de José Joaquín Pérez los liberales pudieron llegar a formar parte del gobierno a través de la fusión que los unía con los conservadores. Los liberales comenzaron a tener mucha más influencia durante este período, logrando mantenerse en el poder sin alteraciones hasta el año 1891. Durante este gobierno se lograron avances importantes en la democratización del país en variados ámbitos, lo que se tradujo en una serie de reformas constitucionales, como la 1865, que estableció que la religión oficial de Chile era la católica, y se decretó la libertad de cultos.

En este período se comenzaron a exigir mayores cambios, especialmente una reforma electoral, la creación de un régimen de incompatibilidades, la limitación de las facultades presidenciales –suprimir la reelección-, y la reglamentación de las facultades extraordinarias de las que el ejecutivo gozaba. Los debates en torno a estos temas rindieron frutos cuando la nueva ley electoral de 1869 y la promulgación en agosto de 1871[59], de la reforma constitucional, pusieron fin a la posibilidad de reelección inmediata del presidente de la República.

En 1871 se inició el gobierno de Federico Errázuriz Zañartu quien debió sortear un período de gran agitación social y política, que terminó con el triunfo de la causa liberal, aunque la tensión y la división fueron elementos latentes durante todo este período. En el contexto de su gobierno se agregaron nuevas reformas (1874), que dieron origen a la ley electoral de 1874 que introdujo el voto acumulativo en las elecciones de diputados, manteniendo la lista completa en las municipales[60]. Todos estos avances propiciados por los liberales fueron evidenciando una antigua tensión con sus compañeros de coalición. Los problemas hicieron crisis cuando el ministro de Instrucción pública, Abdón Cifuentes –único conservador dentro el gabinete de Errázuriz-, propuso un decreto que garantizase la libertad de los colegios privados, terminando así con la influencia que el Instituto Nacional ejercía (imposición de currículos y textos) en estos establecimientos. Esta propuesta planteaba el cuestionamiento “de la idoneidad del liberal Diego Barros Arana, para el cargo de rector que ocupaba”[61]. Se generó un importante debate frente a esta situación, el que terminó con la derogación del decreto, y la renuncia de Cifuentes a su cargo ministerial. Esto dejó al gabinete de Errázuriz sólo conformado por liberales.

En este contexto “los conservadores opuestos a estas medidas, rehusaron permanecer en el gobierno de coalición, y así, en 1873, salieron de la administración de Federico Errázuriz, dominada por los liberales”[62]. Con esto se puso fin a la fusión, pero Errázuriz no tardó en aliarse con otro partido. Luego de varias reuniones con Manuel Antonio Matta sellaron definitivamente la Alianza Liberal en 1875.

Al año siguiente apareció en el escenario político el Partido Liberal Democrático (1876). Este pretendía competir en las elecciones presidenciales de 1876 apoyando la candidatura del ex intendente de Santoago, Benjamín Vicuña Mackenna, mientras el liberalismo apoyó la candidatura de Aníbal Pinto, quien fue finalmente electo. Durante su período el país atravesó un grave conflicto con sus países vecinos, la Guerra del Pacifico ocurrida en 1879 y de la cual el país resultó vencedor.

Terminado el conflicto y con la premura de la elección presidencia, el partido conservador manifestó claras intenciones de arrebatar el poder a su contendores. Para esto propusieron como candidato a Manuel Baqueano, debido a su gran participación en la contienda bélica, sin embargo esto no prosperó, y fue electo presidente en 1881, Domingo Santa María.

En el contexto de su gobierno se aprobaron las llamadas leyes laicas, debido al anticlericalismo que primaba. Así, se modificaron asuntos civiles que estaban en manos religiosas, se “logró sacar de la jurisdicción de la iglesia los cementerios, obtener la dictación de la ley de matrimonio civil, y crear un Registro civil, quitando así a los párrocos la injerencia que les cabía en los libros de bautizos, matrimonios y defunciones”[63], que manejaron por preceptos canónicos. En 1886 llegó al poder José Manuel Balmaceda. Desde los inicios de su período gubernamental Balmaceda trató de dar unidad al partido liberal, situación que generó desconfianza y llevó a que hubiese una gran rotativa ministerial. En 1888 rompió relaciones con los nacionales, lo que agravó la situación política aun más, y lo dejó con menos apoyo dentro parlamento.

Para 1889 nombró como Ministro de industria y obras públicas a Enrique Salvador Sanfuentes, quien sería el candidato perfecto para sucederlo en el poder. Dicha situación provocó un gran rechazo, puesto que los círculos liberales veían esto como intervención electoral por parte de Balmaceda. “Ni su renuncia posterior a la cartera, ni lo reiterados desmentidos, consiguieron convencer a los círculos liberales de que tal candidatura no existía”[64]. Frente a esto, Balmaceda propuso a los jefes de partidos seleccionar el candidato en una convención. Esto provocó en los nacionales la sospecha de que el candidato sería impuesto por una convención manejada por el oficialismo. Este problema suscitó la ruptura definitiva entre el gobierno y los nacionales, y acentuó la oposición desde el parlamento agrupada en el Cuadrilátero, agrupación entre liberales ‘sueltos’, nacionales, liberales ‘nacionalizados’ y radicales, quienes evidenciaron el descontento de los partidos políticos por el accionar de la administración del presidente Balmaceda.

Actuando conforme a su esquema nombró a Sanfuentes como Ministro del interior, situación que acrecentó la tensión entre el ejecutivo y el congreso. La cámara de diputados acordó aplazar la discusión de la ley que autorizaba el cobro de contribuciones, mientras que el senado rechazó deliberar en relación a la ley de presupuesto.

Guerra Civil de 1891

El primero de enero de 1891, el presidente Balmaceda, mediante un decreto, declaró la vigencia para el año en curso de los presupuestos del año anterior. El congreso declaró esto como inconstitucional y apoyándose en la armada se levantó en contra del orden constitucional del país.

El siete de enero de 1891 la armada se levantó en contra de Balmaceda, al mando del capitán de navío, Jorge Montt. La agitación fue inmensa en todo el país, y las fuerzas disidentes fueron avanzando hacia la zona norte, lo que les permitió dominar las riquezas salitreras y recursos. Los rebeldes y su ejército avanzaron hacia la zona centro, para desembarcar en la bahía de Quintero, y luego dirigirse a Concón donde obtuvieron una aplastante victoria sobre las fuerzas de gobierno, la que se repitió en Placilla. La derrota en ambas batallas marcó el fin de la era de Balmaceda, quien el 29 de agosto renunció a su cargo, reconociendo la derrota, y delegando la primera magistratura del país a Manuel Baquedano.

El conflicto social quedó de manifiesto a través de diversos incidentes de violencia y saqueos que sufrieron los ‘balmacedistas’ en la capital. Balmaceda, asilado en la embajada argentina, se informaba de todas estas situaciones a través de los periódicos, que le lanzaban fuertes ataques.

Luego de reflexionar si entregarse o no a la junta de gobierno instaurada a fines de agosto en Santiago, Balmaceda optó por suicidarse en septiembre de 1891. Con estos acontecimientos se pone fin a la era de los gobiernos liberales, pero también al sistema presidencial imperante en el país y su influencia transversal en la vida política, que hasta fines de este período, demarcó los procesos y el devenir político y electoral del país.

Formación de la Alianza Liberal

La alianza liberal fue una coalición política que surgió en 1875, entre liberales y radicales, en el contexto del gobierno de Federico Errázuriz. Éste llegó apoyado por la Fusión liberal conservadora, que hará crisis a causa de las ‘cuestiones teológicas’ y los problemas de libertad de enseñanza. Las divergencias entre los partidos, hizo que los conservadores abandonasen la coalición de gobierno, y Errázuriz formó esta nueva alianza en 1875 junto a los radicales.

Los ejes programáticos[65] de la Alianza Liberal, propugnaban lo siguiente:

1.- Emancipar la conciencia religiosa de la acción de los poderes civiles, no pudiendo la ley poner mano sobre ella, sino para protegerla en la libertad de sus manifestaciones.

2.- Dar –en consecuencia- a los hombres de todas las creencias, facilidades iguales para la legítima constitución de la familia, para la educación de sus hijos y para la honrosa sepultacion de sus restos mortales.

3.- Ensanchar la esfera de acción del individuo y del poder local, limitando la acción general del Estado y separando de él toda facultad que no necesite para su propia conservación y para el legítimo ejercicio de sus naturales funciones.

4.- Reformar la guardia nacional para darle organización democrática

5.- Mejorar la ley que organiza el poder electoral, aprovechando las indicaciones que la experiencia vaya haciendo y procurando siempre dar a este proceder la base más popular posible. 6.- Reformar los “impuestos viciosos”, y mantener una prudente economía en el manejo de las rentas públicas.

7.- Hacer que la autoridad fomente con el mayor empeño la instrucción pública, dejando absoluta libertad e independencia a la iniciativa individual para obrar en ese ramo.

8.- Reformar la constitución política del Estado, a fin de poner en práctica las doctrinas mencionadas.

Reorganización política y Presidencialismo (1925-1966)

En octubre de 1930 el Partido Liberal desaparecerá para dar paso al Partido Liberal Unido. La fundación de esta nueva colectividad política, fue un intento por unir a las diferentes fracciones liberales que comenzaron a aparecer durante aquella época.

Un año más tarde, y debido a la caída del gobierno del general Carlos Ibáñez del Campo, los liberales viviran un nuevo proceso de reordenamiento, el cual terminó en 1933 cuando todas las escisiones del liberalismo se volvieron a unir.

Posteriormente, en las siguientes décadas del siglo XX el partido liberal, fue un actor relevante en el escenario político del país, dominó la escena electoral con altos porcentajes de apoyo ciudadano, lo cual le significó tener una importante representación parlamentaria. En término ideológicos, se convirtió en uno de los representantes de la denominada derecha chilena, y poco a poco confluyó en ejes programáticos y orientadores, con su eterno antagónista, el Partido Conservador.

Ambas colectividades a partir de la década de los sesenta vieron mermados enormemente sus apoyos ciudadanos, deteriorando su votación en elecciones populares, y ante el temor de caer aún más, ambas colectividades se unieron el 16 de junio de 1966 dando paso a un nuevo referente político, el Partido Nacional (1966).

Reapariciones públicas (1989-2002)

Una vez recuperada la democracia en nuestro país fueron numerosos los intentos por rearticular al partido liberal. Fue así que la colectividad nuevamente constituida a partir del 24 de abril de 1989, participó en las elecciones parlamentarias de fines de ese año, formando parte de la Lista E, pacto Liberal-Socialista Chileno. En las elecciones para la Cámara Baja obtuvo 47.237 votos, equivalentes a un 0,69%[66] de apoyo popular, y de los 13 candidatos que presentó, ninguno logró ser electo.

Se reinscribe cuando el Partido del Sur constituido a partir del 27 de diciembre de 1987, y el Partido Liberal, se fusionaron para dar paso –nuevamente-, al Partido Liberal declarado como partido político legalmente constituido el 17 de julio de 1990.

En 1992, el nuevo Partido Liberal, participó en las elecciones municipales de octubre. Logró 15.505 votos, equivalentes a un 0,24% del total de sufragios emitidos y de los 35 candidatos que presentó, 4 fueron electos[67] para concejales. El 08 de junio de 1994 el PL fue disuelto por el servicio luego de no alcanzar más del 5% de votos en elecciones parlamentarias.

El 11 de diciembre de 1998, nuevamente se estructura el Partido Liberal y es inscrito en el registro de partido político el 17 de marzo de 2000. Ese mismo año integró la Concertación de Partidos por la Democracia y participó en elecciones municipales realizadas en octubre. Logró 1.206 votos, equivalentes a un 0,02% del total de sufragios emitidos y de los 5 candidatos presentados, uno resultó electo concejal[68] . Al no conseguir el 5% exigido su inscripción fue nuevamente caducada por el Servicio Electoral a partir del 3 de mayo de 2002[69] .

Posteriormente se intentó nuevamente refundar el partido liberal durante ese mismo añoo, pero los procesos quedaron caducó al no tener registro de afiliados durante los plazos legales que establece la ley.

Historia Electoral
Elecciones parlamentarias
Representación parlamentaria 1864-1891

Durante el período comprendido entre 1864 y 1891 el partido liberal experimentó un notorio aumento en el número de diputados electos. Esta situación podría deberse al desarrollo ascendente que tuvo su ideario, basado en la promoción y lucha de principios de libertad, tanto individual, como política, y que lo llevaron a ser parte importante de la lucha por la libertad electoral durante esta etapa. El siguiente cuadro, refleja el número de diputados electos desde 1864 hasta 1891, año en el cual el partido disminuyó notoriamente su fuerza de representación, esto, quizá por el contexto histórico de deterioro de los gobiernos liberales.


Año de elección N° de Diputados
1864 37
1867 52
1870 37
1873 55
1876 48
1879 56
1882 67
1885 67
1888 76
1891 31













Fuente: elaboración propia en base a: Heise (1982) p.310.

Representación Parlamentaria 1891-1925
Año de elección N° de Diputados
1891 31
1894 27
1897 28
1900 31
1903 27
1906 16
1909 15
1912 23
1915 20
1918 29
1921 24
1924 21

















Representación Parlamentaria 1925-1965

Durante el período comprendido entre 1891 y 1925 el Partido Liberal estuvo dividido en diversos grupos y fracciones ligadas con el radicalismo, entre otras corrientes, y que en su conjunto constituían el frente opositor del Partido Conservador. Luego de la caída del gobierno de Carlos Ibáñez del Campo en 1931 y el retorno de la actividad pública, los partidos políticos se volvieron a estructurar, y las elecciones democráticas volvieron a su regularidad. En relación a esta situación, en 1932 el partido liberal descendía en 16 sus diputados electos, logrando 27 diputados electos versus los 43 conseguidos en los comicios de 1925.

En marzo de 1937 se efectuaron nuevamente elecciones. El partido liberal aumentó las cifras de elecciones anteriores logrando 35 diputados electos, 8 más que en 1932. Luego de la unión de todas las facciones liberales el partido mantuvo alrededor del 20% de las preferencias del electorado. Esta cifra sufrió un brusco revés en las elecciones de 1953, cuando logró sólo un 10,9% de apoyo, lo cual se tradujo en la elección de tan sólo 23 diputados. En las siguientes elecciones –las de 1957 y 1962-, logró remontar con un promedio de respaldo del 16%, pero hacia 1960 los partidos políticos tradicionales comienzan a sufrir un retroceso, que finalmente se visibilizó en las elecciones parlamentarias de marzo de 1965 cuando el Partido Liberal logró un 7,3% y la elección de seis diputados.

Similar realidad experimentó el Partido Conservador y en junio de 1966 ambos partidos se unieron dando paso al Partido Nacional, el tercero con este nombre en la historia político-partidaria de nuestro país.


Año de elección Nº de Votos % N° de Diputados
1925 84.895 32,4 43
1932 58.859 18 27
1937 85.515 20,7 35
1941 93.368 19 22
1945 90.440 20 31
1949 90.013 19,3 33
1953 84.924 10,3 23
1957 134.741 15,3 30
1961 222.485 16 28
1965 171.979 7,3 6















Fuente: elaboración propia en base a: Heise, p.310; Cruz Coke (1984), p. 53


Fuentes Referenciales
Bibliografía general


Fuentes digitales
Bibliografía general
Bibliografía del partido
Notas
  1. Heise (1982) p.298.
  2. Grez (2007) p. 303.
  3. Villalobos (1992) p. 306.
  4. Fariña ; Huerta (1991)p.430.
  5. Urzúa Valenzuela (1988) p. 27
  6. Etchepare (2006).
  7. Tres periódicos se constituyeron en voceros públicos de la tendencia liberal, El Siglo, fundado por José Victorino Lastarria en 1844, el Diario de Santiago, creado en 1845 por Pedro Godoy, y La Gaceta del Comercio, en 1842.
  8. Gil (1962) p. 11.
  9. Gil (1962) p. 11.
  10. Heise (1982) p.298.
  11. Entre estos hombres se debe destacar a: Andrés Bello; Hermogenes Irisarri; José Victorino Lastarria; Manuel Antonio Matta, Salvador Sanfuentes y Aníbal Pinto.
  12. Lastarria (1842) p. 6.
  13. Lastarria (1842), p. 9.
  14. Barrera (1966) p. 16.
  15. León Echaiz (1971)p.24.
  16. Grez (2007) pp.328-329.
  17. Cortés; Fuentes (1967)p.96.
  18. Gazmuri (1999) p. 45.
  19. Gazmuri (1999) p. 45.
  20. Zapiola (1902) p. 9.
  21. Grez (2007)p.331.
  22. Zapiola (1902) p. 8.
  23. Zapiola (1902) p. 10.
  24. Cortés; Fuentes (1967) p.37.
  25. Cortés; Fuentes (1967) p. 477.
  26. Zapiola (1902) pp. 12-14.
  27. Zapiola (1902) pp.15-16.
  28. Gazmuri (1999) p. 92.
  29. Gazmuri (1999) p.96.
  30. Gazmuri (1999) p.100.
  31. Gazmuri (1999) p.101.
  32. Gazmuri (1999) p. 98.
  33. Gazmuri (1999) p. 98.
  34. Gazmuri (1999) p.99.
  35. Gazmuri (1999) p.100.
  36. Gazmuri (1999) p. 100.
  37. Gazmuri (1999) p.103.
  38. Encina (1982) p.1004.
  39. Encina (1982) p.1007.
  40. Encina (1982) p.1007.
  41. Encina (1982)p. 1008.
  42. Encina (1982) p. 1063.
  43. Encina (1982) p. 1063.
  44. León (1971) p.38.
  45. León (1971) p.39.
  46. Campos (1992) p.212.
  47. El país vivió bajo el régimen de facultades extraordinarias desde el 14 de septiembre de 1851 hasta el 1 de julio de 1853; se declaró el estado de sitio desde el 12 de diciembre hasta el 20 de enero de 1859, el Ejecutivo obtuvo –nuevamente- facultades extraordinarias desde el 20 de enero de 1859 hasta el 18 de septiembre de 1861; en total, cuatro años y nueve meses. Véase en: Campos Harriet, Fernando: “Historia Constitucional de Chile”, Editorial Jurídica de Chile, Santiago 1992, p. 212.
  48. Campos (1992) p.212.
  49. Edwards; Frei Montalva (1949) p. 59.
  50. Edwards; Frei Montalva (1949) p. 59.
  51. El derecho del clero a ser juzgado sólo por sus propios tribunales.
  52. Edwards (1903)p.72.
  53. Edwards (1903) p.73.
  54. Villalobos (2005) p. 557.
  55. Grez (2007) p.416.
  56. Grez (2007)p.417.
  57. Villalobos (2005) p.402.
  58. Villalobos (2005) p. 559.
  59. Villalobos (2005) p. 689.
  60. Villalobos (2005) p.691.
  61. Villalobos (2005) p. 692.
  62. Campos (1992) p. 72.
  63. Villalobos (2005) p. 696.
  64. Villalobos (2005)p.702.
  65. Matte (1916) pp. 47-48.
  66. Resultados electorales históricos. Elecciones de Diputados de 1989. Ministerio del Interior. Sitio web. Consultado el 06 de mayo de 2011. Disponible en http://elecciones.gob.cl/SitioHistorico/index1989_dipu.htm
  67. Resultados electorales históricos. Elecciones Municipales de 1992. Ministerio del Interior. Sitio web. Consultado el 06 de mayo de 2011. Disponible en http://elecciones.gob.cl/SitioHistorico/index1992_muni.htm
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