Federalistas

Federalistas
Fundador(es) José Miguel Infante
Fecha de fundación 1826
Referentes Carreristas, Pipiolos
Representación Parlamentaria

José Miguel Infante

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Federalistas. El federalismo como forma de organización del Estado se venía debatiendo desde los primeros años de la emancipación. Luego del caos provocado por la abdicación del Director Supremo Bernardo O´Higgins Riquelme, la tendencia federalista fue tomando fuerza poco a poco, debido a las numerosas pugnas entre Santiago y las demás provincias, que denotaban el carácter centralizado de la incipiente República.

El 14 de julio de 1826 fue aprobado por el congreso encabezado por José Miguel Infante un proyecto que establecía en Chile este sistema. Pero al preparar el proyecto de la nueva constitución, no se adoptó decisión alguna, por lo cual en mayo de 1827 el congreso suspende sus sesiones y decide consultar directamente a las provincias. Tiempo después esta tendencia se fue disipando en el escenario político de la época, lo que coincidió con el golpe militar de Enrique Campino que disolvió el Congreso.

Contenido
Historia
Orígenes

El federalismo venía discutiéndose desde los primeros años de la emancipación; por una pugna entre las provincias y Santiago, que se extendió todo este período. Es de suma importancia tener en cuenta, que el federalismo, “en realidad, en Chile no obedecía a circunstancias de carácter histórico, (…), las tendencias manifestadas en provincias, se fundaban en motivos transitorios: incapacidad administrativa, desorganización económica, susceptibilidades lugareñas, ambiciones de mando; incomprensión de los intereses colectivos”[1].

Este grupo político surgió tras la caída del gobierno de Bernardo O´Higgins en 1823, y formaron parte de él figuras como José Miguel Infante. El ideario que este grupo buscaba llevar a la práctica en el país era el de un sistema federal, semejante al implantado en Estados Unidos. La propuesta que este grupo levantaba sostenía “que la República debía constituirse en provincias semi-autónomas con sus propios gobiernos, sus propios recursos y que sólo dependieran del poder central en determinados aspectos”[2], ya que “se atribuía el desconcierto del país y la miseria general a la centralización de los poderes políticos, que impedían vigilar de cerca a sus gobernantes y participar de inmediato en los negocios de intereses comunes”[3].

Trayectoria Histórica

Los federalistas pudieron concretar sus propósitos cuando asumieron puestos claves en el gobierno a partir de 1825, año en que Ramón Freire, Director supremo de la República, se dirigió a encabezar la campaña bélica que buscaba incorporar al territorio chileno el archipiélago de Chiloé, que en esos momentos aún estaba en manos de los Realistas.

Ramón Freire dejó en el poder a un consejo directivo compuesto por figuras como José Miguel Infante, Joaquín Campino, José María Nova y Manuel José Gandarillas, todos ellos de marcada tendencia federalista, y quienes aprovecharon su acomodada posición para tratar de implantar el sistema federal en nuestro país.

Un primer intento fue el Reglamento de 1825 que trató de imponer el entonces ministro del Interior, Joaquín Campino[4], quién presentó al consejo el ‘Proyecto de Reglamento Provisorio para la administración de las provincias’, el cual provocó una tensa discusión, pero no prosperó en ese momento. Esta situación generó una intensa propaganda por parte de la corriente federalista, que logró muchos adeptos, debido a que toda la difusión del ideario federalista “hacia ver la posibilidad de que las provincias pudieran igualarse a la capital y que se autogobernaran, (…), como consecuencia de ello, se agudizaron las rivalidades entre la capital y las principales ciudades provinciales, sobre todo con Concepción y La Serena”[5].

El incremento de la popularidad del ideario federalista no sólo se cristalizó en el aumento de sus adeptos a lo largo de todo el país, sino también en las urnas. De esta manera en las elecciones del año 1826 la tendencia federal obtuvo una gran victoria, lo que le permitió contar con 56 diputados.

Así, en la sesión del 6 de julio de 1826 Francisco Fernández, diputado de tendencia federalista, presentó el proyecto para que la República de Chile se constituyese como un sistema federal, generando una gran discusión al interior del parlamento, aprobando finalmente el proyecto con 35 votos a favor y 2 en contra, promulgándose como ley el 14 de julio de 1826. La aprobación de este proyecto de ley, significó que el país quedó dividido en ocho provincias, en cada una de las cuales se debía establecer una Asamblea Provincial y un Intendente, previamente electos por voto popular.

Finalmente fue esta situación la que llevó a la posterior extinción de las ideas federales en nuestro país, ya que se produjeron disturbios alrededor de las elecciones provinciales, lo que fomentó el descrédito de esta corriente, pues no era capaz de consolidar en la práctica su ideario, que tantos adeptos logró a lo largo de todo Chile.

El establecimiento del régimen federal se prestó para confusiones y desórdenes, “no había en el país experiencia política y la tradición gubernativa, desde los tiempos de la Colonia, era centralista, antes de mucho tiempo se vio que el federalismo era un fracaso, cada provincia comenzó a luchar por sus prerrogativas; unas reclamaban por el distrito que le correspondía, otras por la capital provincial y se amenazaban entre ellas”[6].

De esta manera, en junio de 1827, el Congreso, ante la hostilidad de la opinión pública y el fracaso casi total del sistema federal, acordó ser disuelto, provocando que más tarde el presidente Francisco Antonio Pinto, pusiera termino definitivo al experimento federal en nuestro país.

El gobierno liberal de Pinto, junto con el congreso de 1828 impulsó un nuevo proyecto constitucional a una comisión, pero en la práctica, la redacción fue realizada por José Joaquín de Mora, liberal español avecindado en Chile. El congreso, aprobó el proyecto, el cual fue promulgado en agosto de ese mismo año.

Esta constitución puso énfasis en “garantizar a los ciudadanos la libertad personal y de imprenta y los derechos de propiedad y de petición; proclamó la igualdad ante la ley, (…), el ejecutivo radicaba en un presidente y un vicepresidente nombrados por votación indirecta y cuya gestión dependía casi por entero de la voluntad de un congreso bicameral”[7]. A pesar de que se dotó al país de un nuevo orden constitucional, el escenario seguía marcado por una creciente inestabilidad, que se cristalizaba en fuertes disturbios e intentos subversivos, “promovidos por los conservadores, con la ayuda de algunos jefes militares; entre esos elementos figuraba Diego Portales, que de los negocios había pasado a influir en las cuestiones políticas”[8].

En el contexto de las elecciones de 1829, se suscitaron graves problemas, que llevaron a la crisis final del régimen político. De esta manera, “el Congreso proclamó sin dificultad al Presidente Pinto, que había reunido los sufragios suficientes”[9], situación que no ocurrió con los candidatos para el cargo de vicepresidente, por lo que el Congreso escogió a Joaquín Vicuña, un pipiolo que había quedado en el tercer puesto de la lista, sobrepasado por los pelucones Francisco Ruiz-Tagle y Joaquín Prieto.

Esta situación desató de forma inmediata una reacción armada desde las provincias. Las asambleas de Concepción y de Maule desconocieron la elección de Vicuña como vicepresidente, y el ejército de Prieto avanzó rápido hacia la capital. Mientras, el recién electo presidente Pinto, ante la falta a la Constitución decidió renunciar.

Por otro lado los opositores –en Santiago- organizados, en torno a figuras como José Antonio Rodríguez Aldea y Diego Portales, lograron instalar en febrero de 1830 un Congreso de Plenipotenciarios, que nombró como presidente a Francisco Ruiz-Tagle y a José Tomás Ovalle como vicepresidente, pero la debilidad del primero, precipitó que abandone el cargo a favor de Ovalle, quien nombra a Diego Portales como Ministro del Interior y Relaciones Exteriores, Marina y Guerra. Finalmente al precipitarse el triunfo militar del bando Pelucón -en la Batalla de Lircay- terminará el período de Ensayos Constitucionales y se iniciará la llamada República Conservadora.

Fuentes referenciales
Bibliografía general


Notas
  1. Enríquez (1935) p. 43.
  2. Cortés; Fuentes (1967) p.183.
  3. Enríquez (1935) p.44.
  4. Urzúa Valenzuela (1984).
  5. Cortés; Fuentes (1967) p.183.
  6. Villalobos (1992) p. 195.
  7. Villalobos (1992) p.77.
  8. Villalobos (1992) p. 195.
  9. Eyzaguirre (2004) p.78.