Período
1891-1925

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La República Parlamentaria (1891-1925)

José Manuel Balmaceda Fernández, Presidente de la República: retrato con banda Presidencial.
Colección Memoria Chilena Biblioteca Nacional.

Tras el fin de la guerra civil y la muerte del Presidente Balmaceda, se impone en el país un régimen político parlamentario. Sin embargo, esta preeminencia del Parlamento no significa reemplazar la institucionalidad política emanada de la Constitución de 1833, sino que se la reforma e interpreta de manera parlamentaria –por medio de las llamadas “prácticas parlamentarias”-, limitando y disminuyendo el poder del Jefe de Estado y otorgando facultades ejecutivas a los partidos políticos representados en el Congreso. Entre estas prácticas destacan las facultades de pedir cuentas a los ministros en las llamadas interpelaciones, las que provocan una marcada inestabilidad de los gabinetes, afectados por una frecuente rotativa ministerial que entorpece el normal desenvolvimiento de la labor gubernativa.

A pesar de ello, el régimen parlamentario da muestras de una notable estabilidad política, manteniendo las instituciones republicanas, las libertades públicas y la alternancia en el poder de las dos principales agrupaciones políticas. La Alianza Liberal y la Coalición Conservadora. Durante el periodo se suceden de manera consecutiva en la Presidencia de la República el almirante Jorge Montt, Federico Errázuriz Echaurren, Germán Riesco, Pedro Montt, Ramón Barros Luco, Juan Luis Sanfuentes y en sus postrimerías, Arturo Alessandri Palma, a quien se le considera un mandatario de transición. Así mismo, se desarrollan las obras públicas, se impulsa la educación, se expande el comercio y la economía da muestras de un gran vigor. Estas iniciativas se sostienen, en gran medida, gracias a las abundantes riquezas que el Estado recauda por medio del impuesto a la venta del salitre, principal producto de exportación del periodo.

Sin embargo, con ocasión de las celebraciones del Centenario en 1910, en el Congreso y en la opinión pública se hace presente una sensación de malestar y pesimismo, con acervas críticas al sistema político parlamentario, en vista de su cerrado elitismo de clase oligárquica, su ineficacia e inmovilismo, especialmente ante la denominada “cuestión social”. Pues si bien hasta la fecha se promulgan las primeras leyes sociales de nuestra historia, tales como la ley sobre habitaciones obreras (1906) y la ley de descanso dominical (1907) y a partir de 1912, las leyes de protección a la infancia desvalida, la ley de la silla, la ley sobre accidentes del trabajo y la de salas cuna en establecimientos industriales, estas iniciativas legales se muestran insuficientes para solucionar las graves carencias que afectan a los sectores obreros y populares de nuestra sociedad. Es en esta coyuntura histórica que surgen las primeras agrupaciones y partidos políticos de izquierda o “maximalistas”, tales como los movimientos anarquistas y el Partido Obrero Socialista, -el que pasaría a convertirse en el Partido Comunista de Chile-, quienes propugnan cambios radicales en la organización política, económica y social chilena.

En consecuencia, el malestar hacia el régimen parlamentario persiste y se agudiza, hasta manifestarse de forma abierta y masiva en el año 1920, con la elección presidencial de Arturo Alessandri Palma. Alessandri asume la primera magistratura del país tras una inédita campaña presidencial que apela a los sectores medios y populares, haciendo una dura crítica al sistema y a la clase política que sostienen al régimen parlamentario. Durante su presidencia, Alessandri intenta implementar una serie de reformas a la institucionalidad política parlamentaria y a la legislación social y laboral, con el objeto de responder a las demandas ciudadanas y de impedir un estallido social. Sin embargo, la clase política oligárquica se niega a acceder a tales reformas, lo que provoca un agudo clima de frustración e impotencia ante el régimen político imperante. Esta situación llega a una crisis terminal en septiembre de 1924, con la intervención militar denominada “Ruido de sables”, que obliga al Congreso a aprobar sin mayor debate un paquete de leyes sociales que estaban pendientes desde largo tiempo en el Parlamento. En vista de que los militares se constituyen en una junta militar, Alessandri renuncia al cargo y sale del país. Pocos días después es disuelto el Congreso y la junta militar asume el poder público. Al año siguiente y tras el regreso de Alessandri a la Primera Magistratura, éste impulsa la redacción de una nueva Constitución Política que pone fin al parlamentarismo, restaurando el sistema presidencialista.